
Gracias por vuestras visitas y palabras en estos meses y hasta pronto
Dibujo de Martín Pescador: bolígrafo virado a sepia y cuatro manchas de color con PhotoShop
Corrían mediados los 80, una muchachada quinceañera, chavales y chavalas entusiastas, plantaba una mesa con pancarta en la plaza de la Constitución de Jaén, y mientras repartía octavillas y recogía firmas, intentaba convencer a sus paisanos de no comprar “tortuguitas”. Concretamente eran galápagos salvajes, cazados en los ríos cercanos a la capital, y vendidos al estilo top-manta por las calles y mercadillos de la ciudad. Buscábamos el respaldo ciudadano para recordar a las autoridades municipales que eso era ilegal, que eran especies protegidas además, y que el bicho debía estar en el río, no en un escueto barreño.
-Señor, ¿nos ayuda a luchar contra el comercio de tortugas? (pregunté)
- ¿Tortugas? Pero niño... y a mí qué esas gilipolleces!! (dijo)
A continuación se subió la manga de la camisa mostrando el antebrazo, plagado de feas y numerosas cicatrices, mientras me explicaba que eran fruto de varios intentos de suicidio dentro de la cárcel, que su vida era una puta mierda, que sus hijos “enganchaos a to”…etc etc etc. Me dejó literalmente a cuadros, por unos minutos se desestabilizó la balanza de valores, y por supuesto me dió en qué pensar para todo el día.