
No le voy a cobrar alquiler, pero sería un detalle por su parte que me regalara un botijo o búcaro, para disponer de agua fresca este verano.(y disculpas por el ordinario gotelé ;-)
Como casi todo el mundo sabe, la libélulas se desarrollan en su primer ciclo de vida bajo el agua, en forma de ninfa y con hábitos depredadores. Esa especie de sonrisa esconde un arma secreta, una mandíbula extensible que no tiene nada que envidiar al Alien de Ridley Scott.
por supuesto los modelos fueron devueltos a su hogar tras la sesión, mas concretamente a la alberquilla de mi patio, que es donde viven.
Si una incauta hormiguita, o una mosca, resbalara al estanque, ahí le estará esperando boca arriba en la superficie del agua, el implacable barquero y su pico succionador. El tambien llamado angel de agua, según frikosal.
Corrían mediados los 80, una muchachada quinceañera, chavales y chavalas entusiastas, plantaba una mesa con pancarta en la plaza de la Constitución de Jaén, y mientras repartía octavillas y recogía firmas, intentaba convencer a sus paisanos de no comprar “tortuguitas”. Concretamente eran galápagos salvajes, cazados en los ríos cercanos a la capital, y vendidos al estilo top-manta por las calles y mercadillos de la ciudad. Buscábamos el respaldo ciudadano para recordar a las autoridades municipales que eso era ilegal, que eran especies protegidas además, y que el bicho debía estar en el río, no en un escueto barreño.
-Señor, ¿nos ayuda a luchar contra el comercio de tortugas? (pregunté)
- ¿Tortugas? Pero niño... y a mí qué esas gilipolleces!! (dijo)
A continuación se subió la manga de la camisa mostrando el antebrazo, plagado de feas y numerosas cicatrices, mientras me explicaba que eran fruto de varios intentos de suicidio dentro de la cárcel, que su vida era una puta mierda, que sus hijos “enganchaos a to”…etc etc etc. Me dejó literalmente a cuadros, por unos minutos se desestabilizó la balanza de valores, y por supuesto me dió en qué pensar para todo el día.
Una cosita, para los amiguetes y amiguetas que visitan este bitácora. No me prodigo demasiado en el blog, pero si a partir de ahora lo hiciera menos, no os preocupeis, no me echeis muchas cuentas, resulta que si todo va bien en ocho meses me estrenaré como padre.
Todos los inviernos, huyendo del frío, los mirlos acuatícos bajan de la sierra siguiendo el curso del Genil, hasta colocarse a escasos metros de mi casa, casi en el límite urbano de Granada. Este año se me ha pasado corroborar estas mini-migraciones, así que habrá que subir río arriba para verlos, y ganas no me faltan.
Foto derecha (realizada hace tres años):
Sapo Alado: lápices de colores sobre cartulina de color. 1993
1994, ruta "mochilacuestas" en solitario por la campiña jaenera, Jaén-Mengibar-Jaén, haciendo noche a orillas del Guadalquivir.